jueves, 1 de agosto de 2013

A ESTAS HORAS.

Sé que no son horas. No son horas para molestarte a mitad de la noche, ni son horas para disculparme de lo que fui hace una eternidad.
No son horas, siempre a destiempo. Pero tenía necesidad.
Me dirás que menuda necesidad después de media vida. Menuda necesidad acordarme de lo ruin que fui. Pero no he necesitado acordarme, cada vez que paso mi memoria sobre lo absolutamente inaceptable recuerdo tu mano, tu risa, tu llave, tu pasión...
No te servirá de consuelo pero desde entonces, llevo pagando la culpa.

Sé que no son horas. No son horas para pedirte que me ames, ni son horas para pedirte que vengas conmigo.
Tenía necesidad de no perderme sin pedirte lo que nunca te pedí. Tenía de necesidad de ser valiente, aunque fuera con treinta años de retraso. No podía esconderme sin haberte dicho nunca que te quiero.
Juegan a mi favor mis complejos y mis miedos, verte junto a mí al mismo tiempo que considerarte inalcanzable, no saber interpretar tus gestos. Pero seguramente pesa más mi cobardía y mi recelo.

Sé que no son horas. No son horas para nada, pasa el tiempo.