martes, 17 de febrero de 2009

Juzgar.

Tus juicios anulan mi comienzo. Tus sentencias, condenan mi camino. Tu dictamen niega mi existencia.
Las cadenas perpetuas son demasiado cortas, las penas de muerte tu presencia.
Mis actos en pasivo, mi pensamiento en tu mente, mi voluntad en tus actos. Cobarde, impotente o imposible.
Imposible seguir sin causa, imposible comenzar sin agente, inútil mover sin ausencia.
Me condenas a permanecer estático. Me impones rutas cerradas. Me insinúas que no estoy.
Que no estoy en los días, que no estoy en los planes, que no estoy en las palabras.
Me juzgas; me juzgas  y me condenas a la inexistencia, a la inesencia, a la infinitud. Me juzgas; me juzgas y me condenas a imaginarte cada día presente, a construirte impasible en la crueldad de tus decisiones, a soñarte como un ser real.

3 comentarios:

luna45 dijo...

Quienes somos nosotros para juzgar
tenemos que aceptar a las personas tal cuales son.

Te mando un abrazo y cuidate mucho besos

LIS dijo...

Nunca hay que juzgar

Aveces de juzgar sin conocer se desatan batallas.

Besos.

Alejandro dijo...

Siempre he pensado que es mejor el silencio que el ruido. En este caso, creo que es mejor el ruido. Y si es ruido es darse de cabezazos contra el muro, pues mejor. Pueden hacernos cualquier cosa, menos borrarnos del mapa. Pueden matarnos, pero al menos chillaremos como cerdos. Pueden acabarlo, pero no querrán además que sea en silencio.